Lapso
Reseña al Lapso de Eduardo Martos Gómez
Ha pasado más de un mes desde que hice la última reseña. Diciembre es el mes más imposible: encajado entre los exámenes finales y la fiebre de recopilaciones desatada por el Spotify Wrapped (mi edad musical era 19 años; Humania siempre con las jóvenes promesas).
No es descabellado llamar enfermedad al abuso de hacer listas y recopilatorios de fin de año: una enfermedad venérea que resulta menos humillante cuanta más gente la padece. Yo mismo hice dos entradas de recopilación.
Pero vamos al turrón (6 de enero, entra al límite). He estado leyendo Lapso, de Eduardo Martos Gómez, el primer usuario que respondió activamente a mi llamado a comprar libros de Substack. Hasta ahora, o aceptaban la reseña como un hecho consumado o me enviaban el libro dedicado y regalado, como si uno fuera el Archipámpano de las Indias.
Lapso es un conjunto de setenta y cinco relatos fantásticos de no más de cuatro páginas; breves, y alguno brevísimo: tan solo cinco palabras bastan para dejar al lector con mal cuerpo. En general, predomina el extrañamiento, la alienación y la paradoja con desenlace absurdo, trágico y cruel, incluso cuando el tono del relato pueda ser ocasionalmente humorístico.
Los relatos aparecen dispuestos por estricto orden alfanumérico y, en general, pueden leerse a cata y cala sin perjuicio de una trama común. No obstante, El autodeterminado método y El manual del aprendiz se referencian explícitamente el uno al otro en el subtítulo, mientras que De nada menciona implícitamente a 50 palabras.
Como confiesa el propio autor en la contraportada, Lapso es “fruto de muchos años de reflexión” y “deudor de muchos autores, célebres y anónimos”. También bebe de numerosas fuentes de inspiración: la versión mesopotámica del diluvio (El arca de Noé), una reelaboración del mito de Eurídice (De espaldas), el argumento de Pascal sobre el artesano que sueña ser rey y viceversa (Vida de pobre) y, por supuesto, la cotidianidad alienante del consultor cárnico (Consultoría) o de quien espera su turno en Hacienda (Trámites). Es como si el autor pudiera deformar a su gusto cualquier realidad, sagrada o profana, mítica o administrativa, y convertirla en una anécdota incómoda.
Frente a un grupo tan heterogéneo de relatos, es inevitable tener favoritos. En mi caso, serían Carcajada y Consultoría, probablemente por proyección vital: un ejecutivo incapaz de contener la risa en una reunión y un consultor, de los de tabaco caro y whisky barato, que no termina de terminar un informe, de esos tan urgentes como intrascendentes, siempre empantanados en palabras comodín (o buzzwords, si alguien hace el cross-post a LinkedIn), tan imprescindibles como vacías.
Quiero citar también, a modo de accésit, el relato Las puertas del autobús, con el que conecté emocionalmente al haber experimentado ese mismo efecto pinza de las puertas en el transporte público. En mi caso ocasionado por un tren Civia, que me condenó a subir aterrado a cualquier vehículo con cierre automático, so pena de vivir una situación mezcla de Las puertas del autobús y el corto La cabina, protagonizado por López Vázquez.
Lanzo el guante a Eduardo Martos Gómez de escribir algo más largo haciendo lo que mejor ha sabido hacer en Lapso: pasar de lo anodino transparente a la fantasía opaca, pero sin romper la suave continuidad de la realidad que está deformando. El otro guante se lanza a que no vuelva a trabajar en consultoras cárnicas.
Pero no es fieis de mis palabras, que el internet todo lo soporta, os recomiendo leer Lapso y disfrutarlo y compartirlo. Y dejad una reseña.
Nota: en las próximas semanas voy a seguir reseñando libros de usuarios de Substack. El siguiente es El Staccato de Madrid por la noche.
Si quieres que compre* y lea y reseñe tu libro (o solo una o varias de esas opciones), no dudes en pasarme un enlace. El único requisito es que sea un precio razonable, el Breviario de Alarico estaría fuera de mi alcance. Literatura de la Miseria.
* Es el único requisito, no necesitas seguirme, suscribirte a nada, ni leerme, ni restack ni nada… ni siquiera necesitas leer la reseña que escriba sobre tu libro. Incluso puedes hacerme block, aunque quedaría feo.


Bua pero qué gracioso lo del ejecutivo que no se aguanta la risa jajajajaj ojalá tuviese reuniones así de divertidas, de momento soy más el que no es capaz de acabar un informe. Pero vaya, qué temas tan chulos.
¡Mil gracias por la reseña! Y mil disculpas por no haber respondido antes. He estado enfermo y ocupado con varios asuntos personales.
He disfrutado leyendo tus amables palabras sobre mis textos. Espero que los hayas disfrutado. Se ve que los has diseccionado con mucha atención, y ya con eso me doy por satisfecho.
¡Un fuerte abrazo!